Todo empezó en un Bla Bla Car. VolvÃa con una amiga de un concierto en Madrid y decidimos volver a Valencia compartiendo coche. La conductora resultó ser una una chica, cerca de los treinta, con muchas experiencias y viajes a sus espaldas. Siempre me han fascinado las personas que han tenido la oportunidad de viajar a muchos lugares, por eso le pregunté qué parte del mundo le habÃa gustado más hasta el momento. Y, como suponéis, respondió Australia.
Me habló de surf, canguros, koalas, barbacoas, parques naturales, animales peligrosos, amaneceres de ensueño... y, lo más importante, con la ilusión de poder volver.
Le conté que me quedaban unos meses para acabar el máster, pero que no tenÃa ni idea de qué hacer después. Le confesé que no me gustaba la idea de quedarme en España y que estaba planteándome abandoner el paÃs para irme por un tiempo al extranjero, aunque todavÃa no estaba segura de dónde. Ese fue el momento en el que ella me insitió que debÃa irme a Australia sin duda alguna. Me comentó las oportunidades laborales y los visados que Australia concedÃa para poder venir aquà y, sobre todo, la gran calidad de vida que el paÃs poseÃa. En ese viaje no fue cuando decidà dar el salto a Australia, pero sà que se plantó la semilla que más darte florecÃa.
DÃas después de ese viaje compartido, recordé las palabras de aquella chica sobre Australia y decidà buscar un poco de información. Recuerdo que no dormà aquella noche porque no pude dejar de leer experiencias de otras personas en las AntÃpodas, vÃdeos de sus viajes o entrevistas a aquellos que todavÃan seguÃan aquà comentando curiosidades sobre Australia. La semilla estaba creciendo a pasos agigantados y yo no me estaba dando cuenta.
Desde esa misma noche, Australia se convirtió en mi principal pensamiento. No dejaba de pensar en pasear por aquellas playas de arena color marfil, surfear en aquellas olas color azul capri, visitar el mÃstico Uluru, abrazar un koala, dar de comer a canguros o hacer un roadtrip en caravana por el desierto de arena rojiza... Australia crecÃa dentro de mà y cuando me di cuenta ya era tarde. Un dÃa a salir de clase fue a hablar con una agencia, me informé sobre qué debÃa hacer para irme allÃ. Y ahà fue cuando me di cuenta de que la decisión ya estaba tomada, pero me faltaba una aprobación para llevar el plan a cabo: mis padres.
Contárselo no fue fácil. Empecé confesándoles lo infeliz que era en Valencia y la necesidad que tenÃa de salir de España para ganar experiencia laboral y personal. Estaban de acuerdo con mis razones hasta que les dije el destino en el que habÃa pensado. Al principio, preocupados me comentaron que era un paÃs muy lejano, que no entendÃan para qué tenÃa que ir allà y me intentaron hacer cambiar de idea para irme a paÃses más cercanos como Irlanda o Reino Unido. Les expliqué que ya habÃa hablado con una agencia, de las ventajas de poder estudiar y trabajar en Australia, de las facilidades para encontrar trabajo, de los sueldos altos, de la buena calidad de vida... les insistà que no me dieran una respuesta definitiva hasta que no se informaran sobre todo.
A la semana siguiente vinieron a Valencia para hablar con los de la agencia en persona y pudieran preguntar las dudas que tuvieran. Recuerdo que al acabar mi padre me dijo «Bueno, ¿cuándo te vas?». Ahà fue cuando supe que me iba a Australia.
Realmente no fui yo quien elegió venir aquÃ, un viaje compartido, unas serie de circunstancias personales y una conversación en el momento justo fueron los factores que me han llevado a vivir mi sueño en Melbourne, Australia. Me gusta pensar que fue Australia quien decidió que viniera aquÃ, todavÃa sigo sin saber exactamente qué quiero hacer con mi vida, si quiero quedarme más tiempo o si, en cambio, volveré antes de tiempo. Lo que sà tengo claro ahora mismo es que quiero vivir el momento sin pensar ni el pasado ni el futuro.
No te preocupes hoy por el fin del mundo. Ya es mañana en Australia ― Charles M. Schulz
