Esta Navidad no sólo he cambiado el invierno por el verano,
La chimenea por la playa,
El chocolate caliente por el helado,
Los abrigos y botas por vestidos y sandalias,
Las montañas áridas por el mar azul... No sólo he cambiado de país, sino también de continente. Cogí tres aviones para desplazarme al país más alejado de mi familia y amigos.
Y, la gran pregunta sería: «¿ha merecido la pena»? La respuesta, sin duda alguna, es SÍ.
Cuando me fui diez meses a Inglaterra o un año a Valencia estaba lo suficientemente cerca como para volver a casa por Navidad.
Melbourne está de mi ciudad natal, Lorca, a 17000km de distancia. Estas son las primeras navidades en las que no voy a disfrutar de la chimenea de mi casa, tampoco colocar la estrella de Navidad en el árbol, no disfrutaré de la comida de mi madre ni jugaré con el bicho de mi primo. Y, aunque ahora me sienta con ganas de llorar por no poder disfrutar de su compañía, me he dado cuenta de lo afortunada que soy de todo lo que tengo.
Tengo la inmensa suerte de tener una familia que me ama tanto como para dejarme cumplir mis sueños, aunque signifique estar en la otra punta del mundo. Y, por otro lado, tengo la gran suerte de tener amigos que me mandan su fuerza y su cariño siempre que pueden. En lugar de sentirme sola, me siento más rodeada de gente que nunca. Así que gracias por quererme y no olvidarme. Os tengo en mente cada día que pasa y os veo reflejados en cada familia o grupo de amigos que me encuentro. Vosotros sois mi casa.
Feliz Navidad ❤️
